Caminando por el parque en una tarde de primavera, encontré la cosa más maravillosa jamás encontrable: en medio de la ciclovía descansaban metros de película. ¡Metros! Sin poder creer mi suerte, me llevé esa polvorienta cabellera a un costado de la calle y empecé a rodarla. Es impresionante cómo cada fotograma adquiere un significado más intenso cuando simplemente se lo pone a la luz del sol. Las escenas en las cuales uno normalmente desviaría la vista de una película se convierten automáticamente en momentos profundos de una historia importante. Se lo recomiendo a todos.
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Ene
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